{"id":167,"date":"2025-01-11T13:33:33","date_gmt":"2025-01-11T13:33:33","guid":{"rendered":"http:\/\/faen.ar\/wp\/?p=167"},"modified":"2025-01-16T18:39:40","modified_gmt":"2025-01-16T18:39:40","slug":"9-y-10-de-diciembre-innsbruck-hallstatt-y-salzburg","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/faen.ar\/wp\/?p=167","title":{"rendered":"9 y 10 de diciembre; Innsbruck, Hallstatt y Salzburg"},"content":{"rendered":"\n<p>Hay viajes de encuentro, de desencuentro. Viajes que son signados por el buen rato, otros que se cierran en conflictos. Hay viajes que nos determinan, nos cambian o nos emocionan. Viajes largos, viajes cortos; y no se habla aqu\u00ed del tiempo que transcurre, sino de la extensi\u00f3n de la experiencia, la impresi\u00f3n que dejan en el esp\u00edritu de cada persona. Tambi\u00e9n hay viajes de respiro, de pausa: esos desplazamientos en los que puede tomarse cierta distancia y perderse en el asombro, en una especie de <em>awe<\/em> ante lo inmenso del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace algunas semanas me preguntaba en estas mismas cr\u00f3nicas si el viaje estaba determinado por el destino o por las personas. Llegu\u00e9 a una conclusi\u00f3n que me dej\u00f3 bastante satisfecho. El piso del viaje es el destino (aquel conjunto de sitios que determinan el recorrido del viaje) y el techo del viaje son las personas (existe el viaje solitario, en el que este t\u00e9rmino de la comparaci\u00f3n es incluso m\u00e1s importante, puesto que la compa\u00f1\u00eda se encuentra a medida que se avance, pero la presencia de la interioridad cobra un rol protagonista). El piso tiene la importancia de marcar el momento inicial; el techo es infinitamente m\u00e1s importante: la ausencia o presencia de ciertas personas cambia toda la experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 hago este largo rodeo reflexivo para hablar de M\u00fanich y de algunas ciudades de Austria? Es bien simple: no tengo manera de acercarme a una respuesta que me convenza. No creo que sea incapacidad, todo lo contrario; est\u00e1 vinculado con el sobrecogimiento de un viaje espl\u00e9ndido, de personas hermosas, de lugares impactantes.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer d\u00eda en Austria fue Innsbruck, e Innsbruck es m\u00e1gica. Ahora, lejos de la ciudad, sigo convencido y reconfortado por lo especial que ser\u00e1 este sitio para mi coraz\u00f3n. Al igual que con Viena (\u00bfTendr\u00e9 algo con Austria? Adri\u00e1n dice que tal vez mi familia sea austriaca, es bueno que haya dejado de lado la propaganda) la \u00fanica palabra que describe lo experimentado en esta ciudad es <em>bello<\/em>. Innsbruck es una ciudad simplemente <em>bella<\/em>. Innsbruck siempre ser\u00e1 el primer lugar en el que habr\u00e9 visto nieve caer del cielo, con una consistencia tan perfecta. Innsbruck siempre ser\u00e1 la ciudad en la que estar\u00e1 enterrado, en contraste con su blancura, mi anillo negro, el anillo que me acompa\u00f1\u00f3 durante tantos a\u00f1os.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Innsbruck siempre ser\u00e1 la ciudad en la que subimos con el telef\u00e9rico a lo alto de la ciudad, nos perdimos levemente, y nos encontramos todos boquiabiertos ante el escenario de un monte nevado, espl\u00e9ndido; en el que se tiraron bolas de nieve, se hicieron angelitos, se agitaron ramas. En Innsbruck hicimos una carbonara exquisita para cenar. En Innsbruck puede hacerse el intento de cifrar la propia condici\u00f3n del ser humano, o al menos del ser humano que por fin se encuentra desligado de todo aquello que lo aprisiona como individuo: la capacidad de percibir, de dejarse inundar por las sensaciones. En Innsbruck no hubo melancol\u00eda: todo fue brillante, puro, y merece su menci\u00f3n especial.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos movemos. Hallstatt y Salzburg entran en otra categor\u00eda: la del deseo al que no puede d\u00e1rsele lugar. Siempre falta m\u00e1s. En Hallstatt estuvimos solamente unas horas, aunque el recorrido en tren de ida y de vuelta fue precioso en s\u00ed mismo. Hay una foto muy bella en la que estamos mirando por la ventana del tren, observamos la maravilla de los Alpes, con los picos nevados. Recorrimos superficialmente la ciudad. Subimos hacia la parte de la colina: vimos a Hallstatt desplegado, con el lago y las monta\u00f1as cercando la peque\u00f1a ciudad austriaca. Otro de los puntos bellos de Hallstatt: percibir la emoci\u00f3n en los dem\u00e1s, la luz en los ojos de Andrea, Adri\u00e1n, Leire, Izzan, cuando las nubes se despejaron y asom\u00f3 la pintura completa de los Alpes. El sentido de que todos estamos percibiendo lo mismo dota a la experiencia de una realidad tangible, necesaria para darle sentido a la idea de <em>wonder<\/em>. El sentido de que todos estamos percibiendo lo mismo dota a la experiencia de una realidad tangible, necesaria para darle sentido a la idea de <em>wonder<\/em>. Y la escena puede ampliarse m\u00e1s, m\u00e1s. Escribir desde el recuerdo implica una literatura fraudulenta, pero el escenario puede magnificarse, magificarse: el momento en el que tres personas no se quedan quietas. Deciden avanzar y avanzar y contemplar y avanzar y dejarse inundar por las monta\u00f1as e ignorar el turismo y las precauciones y llenar el esp\u00edritu de esa calma alpina, reflejo Heidi, con las sutiles notas musicales rebotando entre los picos de las monta\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>El cruce en bote se sinti\u00f3 como una despedida. Tocar el agua helada, una reconexi\u00f3n. Salzburg, por otro lado, fue diferente: una ciudad propiamente dicha, compacta, apacible. Pod\u00eda percibirse la recta final del viaje, en algunos momentos lo sent\u00ed demasiado presente. Ya es diciembre, las fiestas se acercan, la patria est\u00e1 muy lejos y en el medio me encuentro yo, entre la calma y la desolaci\u00f3n. Salzburg fue una experiencia de la voluntad: vencimos el cansancio f\u00edsico y mental, subimos las cuestas de un castillo, recorrimos mercaditos, tuvimos fr\u00edo, nos congelamos sentados, nos perdimos un rato, volvimos a encontrarnos. Jugamos con un ajedrez gigante, y todos ganamos. Caminamos un poco m\u00e1s. Tomamos un bus. Esperamos a que sea la hora de irnos, muchos se durmieron en las sillas, pr\u00e1ctica com\u00fan que siempre me genera mucha ternura. Le ganamos a Salzburg.<\/p>\n\n\n\n<p>Siento que tengo mucho m\u00e1s por decir, siento que me falta. Escribo esto y lo corrijo y no tengo todav\u00eda las ganas de publicarlo del todo. Tal vez sea inconformismo. Encuentro otra posibilidad; tal vez no quiero acercarme a la respuesta. No quiero racionalizar estos d\u00edas. Quiero que, de momento, se cristalicen en el esp\u00edritu, pues creo que este es el viaje en el que comenz\u00f3 el verdadero sentido de la melancol\u00eda: la presencia y la felicidad; pero mezclada con el duelo y una nostalgia futura, inminente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay viajes de encuentro, de desencuentro. 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