Llego a Sara Teasdale como llegamos a la poesía nueva, a la poesía redescubierta que ya estaba ahí, latente. Llego a Sara Teasdale por referencias lejanas, por atar cabos, por la relación entre textos. Llego a Sara Teasdale por Ray Bradbury, autor de cabecera; por su cuento, “Vendrán lluvias suaves”, en las antípodas de Crónicas marcianas.
Acaso me doy cuenta ahora, recién ahora, que ese título y ese poema se convirtió en un mantra: vendrán lluvias suaves, vendrá un tiempo en el que nada importe. Me acuerdo de una pronunciación errada, me acuerdo del sol de una terraza y el amor eléctrico en el cuerpo. Me acuerdo bien. Quizás por eso leí el poemario, para no olvidar.
Estrellas, alas, fuego, la noche, el mar, los amantes, la muerte. Una colección de temas gigantes dicen presente en las páginas de Teasdale, en esta selección de poemas. Los años varían, cambian: noto que las temáticas se mantienen. Para una poeta norteamericana de comienzos del siglo pasado, la tematización de estos elementos mediada por la simpleza formal permite un atisbo bello y lamentablemente a los avatares de este mundo.
Amé a Teasdale tanto como amé a Bradbury en los colectivos y los viajes y las playas. Hay más que decir, pero esta es una de esas escrituras catárticas. Espero que las lluvias suaves nos bendigan pronto.